Un año de esfuerzo, dedicación y arte para dar forma a monumentos grandiosos, y apenas diez minutos de fuego para reducirlos a cenizas.
Pero, en
cuanto las llamas se extinguen, ya nace la ilusión de una nueva Falla.
Son el reflejo de la existencia: destruir siempre es más fácil que
construir, pero tras cada destrucción, renace la esperanza.
Cuidemos aquello que amamos y afrontemos las pérdidas como el comienzo de
nuevas oportunidades.
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